lunes, enero 31, 2005

El Monje Loco

De nuevo toca hoy un "post culturizador". Esta vez es el turno de hablar no de mitología ni de Astronomía, sino de un personaje histórico que, he de decir la verdad, me ha intrigado durante mucho tiempo. Por el título seguro que os imagináis de quién hablo... ;P
Y sí, me refiero a Grigori Yefimovich Rasputin (ojo: la pronunciación correcta es ras-PU-tin, no ras-pu-TIN), el Monje Loco. Seguro que tras esto más de uno pensará en no leerse el post, pero bueno... ellos se lo perderán. xD
Lo que voy a contaros recoge tanto la parte histórica como la legendaria de la vida de este peculiar sanador, visionario, pervertido...
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El místico campesino

No se sabe exactamente cuándo nació Grigori Yefimovich Rasputin, pero se especula que su año de nacimiento estuviese entre 1869 y 1872. Poco importa el año en que naciera este hombre, el caso es ver cómo evolucionó la vida de Rasputin (por cierto, la palabra "rasputin" significa algo así como "corrupto" en ruso).

Rasputin vivía en un pueblo de Siberia y no aprendió ni a leer ni a escribir, pero esto no impidió que fuese una persona inteligente y carismática que más tarde alcanzaría un lugar importante en la historia de la Madre Rusia.
En su pueblo, trabajó de jardinero y cochero y se hizo muy conocido debido a sus supuestos poderes. La leyenda cuenta que de pequeño desenmascaró a un ladrón de caballos sin que hubiese pista alguna que condujera al ladrón. También fue conocido por sus habilidades curativas.
Pero esta fama de niño prodigio tuvo que convivir con la del Rasputin pervertido y borracho que tanto desagradaba a las gentes del lugar. Esto afectó a su vida, sobre todo después de casarse y tener cuatro hijos. Tuvo que abandonar todo cuando fue acusado de robar un caballo. Cruel ironía... Un caballo le dio la fama y otro le obligó a marcharse de su hogar.

Rasputin estuvo vagando hasta llegar a un monasterio donde sufrió una importante conversión religiosa que debería guiar su vida. Desde entonces, se puso a vagar por Rusia como peregrino e incluso llegó hasta más allá, incluyendo Grecia entre sus destinos.

Pero Rasputin fue acogido por la secta Khlysty, partidaria de la flagelación y las orgías sexuales. Esta combinación de religiosidad y libertinaje sexual interesó tanto a Rasputin que hizo suya esta creencia. El peregrino Rasputin predicaba que el pecado carnal y el posterior arrepentimiento acercarían al hombre a Dios.
Su fama fue creciendo tanto por sus poderes curativos y sus visiones como por su promiscuidad. A pesar de su aspecto mugriento, Rasputin era respetado por los nobles y llegó a tener unos cuantos discípulos. Se dice que fueron su labia y sus hipnóticos ojos los que decidieron el destino de este campesino convertido en un fenómeno de masas. Era considerado un hombre santo.


Rasputin y San Petesburgo

Realizó una visita a San Petesburgo, capital de Rusia en aquella época, en 1903, al parecer guiado por una visión de la Virgen María para que ayudara al zar Nicolás II y su familia. Rasputin parecía disfrutar de la ciudad, puesto que entre los nobles interesados por el tema del ocultismo y la permisividad sexual de la capital rusa, esto debía ser el paraíso para el Monje Loco.


Su fama había llegado a oídos de la familia del zar Nicolás II y se le requirió para atender al infante Alexis. El joven Alexis era hemofólico y se requirió de Rasputin para curar esta enfermedad.
En realidad Rasputin no curó la enfermedad, pero sus palabras y su mirada consiguieron tranquilizar al joven infante y, según se cuenta, esta tranquilidad hizo que el corazón del muchacho bombeara sangre más lentamente, reduciendo la hemorragia y dando la sensación de que la hemofilia había sido curada.
La emperatriz, Alejandra Fiodorovna, había quedado tan impresionada ante las habilidades de Rasputin que éste se convirtió en su consejero y confidente.


Su fama siguió creciendo más y más, ahora que estaba bajo la protección de la zarina. Muchas personas querían aprender de ese monje que hacía de las orgías una forma de acercarse más a Dios. Sobre todo las mujeres, que caían rendidas ante el carisma (y, según se dice, un falo de unos 35 cm).
Rasputin, por supuesto, se ganó muchos enemigos, que no dejaban de informar al zar Nicolás II de sus incursiones en las casas de baños y sus sesiones de sexo salvaje con varias mujeres de la nobleza y prostitutas. Además, también se le declaró amigo de los alemanes.

Dos enemigos declarados de Rasputin, antiguos seguidores suyos, Illiodor, un monje de extrema derecha, y el obispo Hermogen, consideraban a Rasputin la encarnación del diablo. Trataron incluso de exorcisarlo, pero Rasputin relató el hecho a la zarina Alejandra como un intento de asesinato. Como consecuencia, Illiodor y Hermogen fueron exiliados.

Rasputin volvió en 1914 a su pueblo, pero al día siguiente de llegar, cuando iba a responder a un telegrama, una prostituta deformada le acuchilló. Había sido enviada por Illiodor para asesinarle, pero falló en su propósito. De aquí surgió la leyenda de la inmortalidad de Rasputin. Si bien Rasputin recibió asistencia médica, se dice que cualquier otra persona habría muerto irremediablemente.

Ya recuperado y de vuelta a San Petesburgo en plena Primera Guerra Mundial, Rasputin ganó un mayor poder político ante el vacío de poder dejado por el zar Nicolás II, que estaba en el frente. Ya con el zar presente, siguió influyendo notablemente en la política rusa. Los enemigos de Rasputin comenzaron a decir que el Monje Loco estaba aliado con los alemanes y que él era el responsable de los males de Rusia.


La muerte de Rasputin

El propio Rasputin predijo su muerte, sabía que iba a ser asesinado (algo no muy difícil de adivinar cuando tienes bastantes enemigos), y eso lo dejó claro en una carta al zar Nicolás II. Pero no sólo predijo su muerte, sino que también predijo la suerte del zar y su familia: si entre sus asesinos había parientes del zar, entonces caería la desgracia sobre la familia de Nicolás II.

El 16 de diciembre de 1916, Rasputin fue invitado a una cena por el príncipe Félix Yusupov con la excusa de que su esposa, Irina, quería conocerle. Todo esto era una trampa: el príncipe Yusupov, junto a sus aliados el duque Dimitri Pavlocih y el político Vladimir Purishkevish, planeaban acabar con la vida del Monje Loco.

Primero trataron de envenenarlo con tortas y vino envenenados con cianuro. Pero esto no hizo el menor efecto en Rasputin, lo que hacía que creciera en los futuros asesinos de Rasputin el miedo a que la leyenda de la inmortalidad del místico siberiano fuese cierta. Incluso sobrevivió a varios disparos de pistola y a una paliza. Fue lanzado al Neva, creyéndosele muerto. Pero cuando se encontró su cuerpo dos días después, la autopsia reveló que en verdad murió ahogado. Esta muerte fue bien recibida por todos aquellos que se oponían a la figura del Monje Loco.

Respecto a la milagrosa supervivencia de Rasputin, no hay que echar mano de lo paranormal. Su gastritis crónica, debida a la acostumbrada ingesta de alcohol, hizo que el cianuro no tuviese un efecto fatal. Respecto a los disparos y la paliza, puede que fuese una combinación de suerte y de una condición física muy superior a lo que uno creería de un monje.





Lo curioso de todo es que las predicciones de Rasputin se cumplieron. Diez semanas después, la dinastía Romanov fue derrocada y dos años después fusilaron a Nicolás II y a toda su familia. Irónicamente, los asesinos de Rasputin, exiliados debido a su crimen, se libraron de una terrible muerte.
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Un tipo realmente extraño, ¿eh?