martes, abril 22, 2008

Ascendancy: Arbryls

Hace un tiempo prometí que pondría por aquí la información sobre distintas especies de Ascendancy que estaba haciendo para El Foro de la Guarida, pero ya que el foro está más que muerto, pues continuaré con la labor por aquí. Por supuesto, volveré a poner las especies que ya estaban comentadas, con su dibujo, su historia en el juego, su descripción, su habilidad especial (activa si tienes que activarla tú o pasiva si está siempre actuando) y mi crítica al respecto. Y todas ellas tendrán un jugoso extra: pequeños relatos para cada especie que puede que tengan algo en común.

Para más información sobre Ascendancy, pasaos por los artículos que hace tiempo hice para Lost Levels. Podéis acceder a ellos a través del menú lateral del blog o, si os sentís vagos, a través de estos enlaces:

Ascendancy, parte 1
Ascendancy, parte 2
Ascendancy, parte 3
Ascendancy, parte 4

Entrada en el Wiki de Portal Game Over

Y sin más dilaciones, aquí vamos con la primera especie...

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Arbryls: Aisladores espaciales

Todos los Arbryls están de acuerdo. Sería bueno ver otros mundos. Sería bueno aprender sobre el Universo.

Los Arbryls no tienen experiencia en la ingeniería necesaria para construir naves espaciales, pero tienen un enfoque y una concentración increíbles. Un Arbryl puede cavilar sobre la misma cuestión durante años sin cesar. Muchos Arbryls ya se han arraigado a cavilar sobre el camino al espacio.

Los Arbryls son gente-árbol que se desarrollaron en un enorme planeta paradisíaco que contenía únicamente vida vegetal. Son pacíficos, de movimientos lentos, y muy inteligentes. No están acostumbrados a los conflictos y su filosofía es aislacionista. Normalmente se les puede encontrar perfectamente quietos durante enormes cantidades de tiempo, centrados en sus pensamientos de árbol y cavilando sobre el mundo.

A veces realizan un ritual planetario, que incluye a cada Arbryl, para entrar en sintonía con su energía mística. El ritual es agotador y catártico para ellos, y restablece el equilibrio y la calma que atesoran.

Como efecto colateral, su ritual de resonancia mística envía una disrupción esférica al continuo espacio-tiempo. La disrupción se expande enormemente, distorsionando los campos gravitacionales a escala interestelar y provocando que las líneas estelares se contraigan y se cierren.

Habilidad especial: Los Arbryls pueden alterar el flujo del espacio. Pueden bloquear todas las líneas estelares que vayan hacia sus sistemas colonizados. (Activa) Necesita 100 días para tener suficiente energía para usarla.

Naves:
- Pequeña
- Mediana
- Grande
- Enorme


Opinión personal:

Por lo que ya podéis ver, los Arbryls son Ents. Gente-árbol en busca de paz y que tratan de aislarse. El concepto no es nuevo, pero es curioso verlo a escala interplanetaria.

Como especie con la que jugar es curiosa, pero ciertamente no es una maravilla. Su habilidad especial puede servir para frenar el avance de las naves de otras especies. Es una habilidad que funciona más en territorio neutral u hostil, donde es más probable que haya conflictos. En un ambiente pacífico, sólo retrasaría misiones de exploración y colonización.

Cuando juegas contra Arbryls, es normal ver las líneas estelares hacia sus sistemas bloqueadas. Los bloqueadores pueden destruirse, aunque ello suponga consumir energía de tu nave. Gracias a ciertos aparatos que se pueden conseguir con investigaciones avanzadas, es posible desplazarse sin usar líneas estelares, inutilizando así el poder de los Arbryls.

Puntuación: 6 / 10

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La calma que los Arbryls atesoraban había permanecido sin ser perturbada desde hacía generaciones. Durante siglos, sus rituales habían creado esa especie de protección que aislaba no sólo su planeta, sino todo el sistema de mundos que se movían alrededor de su estrella, de su fuente de vida. Para ellos no era desconocido este efecto secundario de sus rituales para asegurar su paz interior y exterior, un efecto que alteraba la misma esencia del espacio y del tiempo ante semejante descarga de energía de los millones de Arbryls de todo el vergel que era su planeta. Y era lo que más movía a la gente-árbol a realizar estos rituales, el saber que todo su sistema se encontraría en una paz imperturbable.

Pero no hace pocas órbitas, algunos Arbryls, entre los más curiosos y los más jóvenes, observando las noches estrelladas, habían pensado en lo que pudiera haber más allá de los límites impuestos por su planeta, por su sistema estelar. ¿De verdad los Arbryls estaban destinados a pasar su existencia confinados en este mundo? ¿Qué podría haber más allá de lo conocido por los Arbryls? ¿Encontrarían otros seres? Y dichos seres, ¿cómo reaccionarían?

En poco tiempo, la paz de los Arbryls empezaba a ser perturbada por la propia gente-árbol. Las preguntas y cavilaciones de los más jóvenes y curiosos empezaron a propagarse entre los más sabios y ancianos de entre los Arbryls, inquietándoles por una parte y emocionándoles por otra.

Era cierto que habían vivido durante siglos en paz y armonía, sin ser molestados ni perturbando a otros seres. No conocían otra cosa que su propia paz. Pero la curiosidad era poderosa incluso entre aquellos Arbryls que estaban más arraigados, y el deseo de conocer los misterios del Universo que hasta entonces no habían perturbado crecía en ellos.

Durante el último consejo, la decisión había sido unánime: era necesario que los Arbryls conocieran otros mundos para así saciar su reciente sed de conocimiento.

Los medios de los que disponían, sin embargo, no eran los adecuados. Debían desarrollar la tecnología que les llevaría a otras estrellas y los planetas que orbitaban alrededor de éstas, planetas que estaban lejos de su alcance. Pero su mundo, a pesar de todo, no parecía ofrecer los medios para poder realizar estos avances, era como si la propia tierra que habitaban estuviese en contra de esta curiosidad de la gente-árbol e hiciera lo posible para que abandonaran sus ideas de exploración espacial.

Pero los Arbryls no se rendían tan fácilmente. Eran pacientes y sabían que, de una manera u otra, encontrarían la forma de conseguir su propósito. Pensarían sobre ello, encontrarían la solución calmadamente, como ya habían hecho con otros problemas que habían tenido en el pasado y que ahora no eran más que eso, un recuerdo prácticamente borrado.


Y durante este tiempo, los Arbryls no vieron necesario su ritual. Esto hizo que la llegada de aquella gran barcaza metálica de distintas tonalidades de marrón y capaz de surcar los cielos y el espacio mismo fuese mucho más sencilla. Sin embargo, los Arbryls nunca habían esperado que otros llegaran a su mundo antes de que ellos pudieran probar si existía vida más allá de su paraíso. Y los escamosos seres de seis patas que parecían habitar dicha barcaza, seres que decían venir de distancias que los Arbryls jamás habían imaginado, se encontraban dispuestos a colaborar con los Arbryls mediante intercambios culturales y científicos. Todo por el bien de todos, daban a entender aquellos seres, deseosos de conocimiento, tanto como los Arbryls deseaban conocer el Universo.

¿Era éste el fin del aislacionismo Arbryl? La propia gente-árbol parecía tener más clara la respuesta a esta pregunta.